Tan pálida, tan fría, tan hermosa

Por Leigh Brackett

Greg Carver, el protagonista de esta nouvelle, no es un Philip Marlowe ni un Sam Spade. No es un detective privado, y ni siquiera es valiente. Es un simple periodista de un diario local que, como él dice, tuvo la “poca cabeza” de escribir unas notas sobre la manera como se maneja la ciudad. Los poderes establecidos le hicieron saber contundentemente lo equivocado que estaba, y él aprendió la lección. O casi. Esta historia, que se inscribe limpiamente en la tradición del policial negro, con su típico ambiente de corrupción y su derroche de amargo cinismo, es la historia de alguien que termina por darse cuenta de que todo hombre tiene su límite y que tarde o temprano llega el momento de trazar la raya. Como ocurre con otros héroes del género, cosas parecidas al amor y la amistad obran como catalizadores de esa reacción, antes que nociones abstractas sobre la justicia y el bien.

La estadounidense Leigh Brackett (1915-1978) empezó a publicar sus ficciones a comienzos de la década de 1940, lanzándose por dos avenidas tradicionalmente recorridas por hombres: el relato de anticipación y la novela dura al estilo de Raymond Chandler. Finalmente alcanzaría la fama como autora de novelas y cuentos de aventuras en el espacio. Pero en el terreno del policial negro no le fue tan mal: su novela No good from a corpse (1944) entusiasmó al director de cine Howard Hawks, quien llamó a Brackett a colaborar con William Faulkner en la adaptación de El sueño eterno, de Chandler. La película se filmó en 1946. En la década de 1970, Robert Altman volvió a convocar a Brackett para su versión de El largo adiós, también de Chandler.

Tan pálida, tan fría, tan hermosa fue publicada originalmente en 1957 en la revista Argosy, y su compacta representatividad de un estilo -tanto en lo que cuenta como en la manera de contar- le ha asegurado últimamente un lugar en las antologías del relato policial, como las que prepararon Bill Pronzini y Jack Adrian (Hard Boiled, 1995) o Rosemarie Herbert (Twelve American Crime Stories, 1997), ambas publicadas por la Oxford University Press.


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