Por Mary Shelley
Victor Frankenstein, doctorado en filosofía natural, es un joven extremadamente inteligente, ambicioso y esforzado, que considera casi una obligación emplear esas cualidades en alguna empresa magnífica capaz de beneficiar a la humanidad toda. Como hombre que vive a caballo de los siglos XVIII y XIX, es un hijo de la Ilustración y como tal, superados algunos coqueteos con la tradición oculta, confía plenamente en los poderes de la razón y los empeña con éxito para descubrir el secreto de la vida. Pero, como diría Goya décadas más tarde, el sueño de la razón produce monstruos, y el sueño de Frankenstein engendra el suyo, que lo perseguirá hasta el fin causándole indecibles sufrimientos y penurias.
Que la monstruosa criatura le haya robado el nombre a su creador en la imaginación del público es apenas una de las rarezas asociadas a esta novela de singular factura (historias insertadas unas dentro de otras, como en un juego de cajas chinas), cuya riqueza de significados excede con mucho la del relato de terror. La anécdota ha sido reproducida hasta el cansancio por el teatro, el cine y la televisión, pero esa popularidad no ha desalentado el interés de los eruditos, que han abordado este relato desde todas las perspectivas posibles, incluyendo la sociología, el psicoanálisis, la ideología de género y la crítica de la cultura.
Mary Shelley (1797-1851) escribió esta novela a los veintiún años, y asombra la penetración con la que describe las relaciones familiares y sociales de su época. Sus padres —William Godwin y Mary Wollstonecraft— eran activos publicistas de izquierda, y tal vez heredó de ellos la lucidez política pero no las ideas, mucho más conservadoras en comparación. Se casó con el poeta Percy B. Shelley, y concibió la historia durante unas vacaciones que compartían en Suiza con otros escritores, en el marco de un desafío literario destinado a entretener el encierro al que los obligaba el mal clima.
Además de ésta, que le dio la fama, Mary Shelley escribió otras novelas, entre ellas Matilda (1819), Valperga (1823), El último hombre (1826), Lodore (1835) y Falkner (1837). Frankenstein apareció en 1818, fue su estreno como escritora, y no se atrevió a firmarlo. En 1831 revisó la redacción (según algunos críticos para moderar su crudeza inicial, según otros para eliminar correcciones introducidas por su marido), y publicó la novela bajo su nombre. Esta última edición es la más conocida y traducida; la que aquí presentamos, en versión castellana de In Octavo, sigue la original, publicada en tres tomos, y menos difundida. Para facilitar la lectura se han introducido algunas modificaciones formales en la presentación del texto, que se describen en cada caso.
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