El árbol

Por María Luisa Bombal

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De alguna manera guiada por el programa que un pianista desconocido ejecuta en una sala de conciertos, una mujer evoca el tránsito de su vida desde la infancia despreocupada, inocente, confiada e idealista, hacia la vida adulta, consciente de la fealdad, la vejez, la traición y la muerte. Tránsito sin pena por los ensueños perdidos sino apurado por la vitalidad audaz de alguien que se atrevió a la claridad y la intemperie, que descubrió que la vida es riesgo y aventura. El árbol que da nombre al cuento es la llave que abre la puerta de la casa de muñecas y lleva a la calle, el árbol del conocimiento.

El relato se desenvuelve siguiendo una estructura eminentemente musical y polifónica. “A mí antes me gustaba mucho la música clásica —diría más tarde la autora en una entrevista con Sara Vial—. Mozart siempre me inspiró el juego, la alegría despreocupada de la niñez, porque él nunca dejó también de ser un niño, mientras que Chopin es la pasión, el sentimiento, y Beethoven el horror final, el sufrimiento, ese drama que yo no puedo definir.” Una sutil correspondencia entrelaza los estilos de esos compositores, cuyas piezas se escuchan en el concierto al que asiste la protagonista, con la secuencia de estados de ánimo que la dominaban en los momentos evocados, y los sonidos del agua con que los asocia, desde los alegres surtidores de la juventud hasta la tempestad de la revelación, pasando por las olas inquietas que anuncian la crisis. La trama imbrica también correspondencias secundarias, como las que se relacionan con la indumentaria de la protagonista o con los espacios donde se desenvuelven sus recuerdos.

María Luisa Bombal (1910-1980) nació en Chile, se educó en París, y se dio a conocer como escritora en Buenos Aires, donde trabó rápida relación con el mundo literario de la época, tanto con el grupo nucleado alrededor de Victoria Ocampo, como con otros escritores que desde la capital argentina estaban abriendo rumbos para la narrativa hispanoamericana distintos del realismo o el criollismo tradicionales. La obra de Bombal no es numerosa —dos o tres novelas cortas, algunos cuentos— pero es coherente en su estilo e intención. El árbol, escrito en 1931, anticipa su lenguaje preciso, sus estructuras de cuidada arquitectura. También anuncia una temática centrada en la condición de la mujer, más exactamente en los conflictos que le plantea desarrollar su existencia en un orden masculino. La biografía de la escritora revela que no se trataba sólo de una preocupación literaria.

El árbol apareció publicado por primera vez en 1939 en la revista Sur, de donde procede el texto que aquí presentamos. La dedicatoria a la escultora chilena Nina Anguita, que hospedó a Bombal en su casa de Buenos Aires, fue tomada de una edición posterior.


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