Arboles de Navidad

Por Fiódor Dostoievski

dosto2014

El tema de la celebración familiar de la Navidad aparece en las literaturas modernas a comienzos del siglo XIX, junto con el ascenso y prosperidad de las burguesías nacionales que incorporan esa festividad a la liturgia de su estilo de vida. Pero algunos escritores rehúyen la complacencia costumbrista, y optan por poner en escena los conflictos ocultos tras esa conmemoración del Nacimiento convertida en exclusiva ocasión social. En el Cuaderno de apuntes de Geoffrey Crayon (The Sketch Book of Geoffrey Crayon, 1819-20), el norteamericano Washington Irving evoca a modo de contraste la armoniosa y cálida celebración de la Navidad que conoció en su infancia. Irving inspira al inglés Charles Dickens, quien en Cuento de Navidad (A Christmas Carol, 1843) presenta a un burgués egoísta y miserable, que sólo tras ser visitado por espíritus que le recuerdan las armoniosas navidades del pasado y le muestran las desigualdades y exclusiones del presente, se convierte y ajusta su vida a los ideales cristianos. La historia de Dickens alcanzó tanta popularidad, incluso más allá de las islas, que según algunos autores modeló estas festividades tal como las conocemos y celebramos en el presente, incluido el saludo de Feliz Navidad, presente en todos los idiomas. Pero en el Cuento de Navidad no aparece todavía el árbol, que ahora es su característica. Desde principios del siglo, las cortes europeas comienzan a adoptar este símbolo originado en Alemania, y paulatinamente la alta burguesía imita la moda. El árbol de Navidad ingresa a la literatura de la mano del danés Hans Christian Andersen y su cuento El pino (Grantræet, 1844). Tanto en los nacientes Estados Unidos como en la Inglaterra del auge imperial, la Inglaterra victoriana, las historias de Irving y Dickens llevan consigo un propósito moralizante, llaman la atención sobre la vida penosa de vastos sectores sociales y exhortan al ejercicio de virtudes cristianas como la compasión y la solidaridad; en el fondo son optimistas: la redención es posible. En otros ámbitos, la visión es más dura, más cáustica. Tal es el caso, por ejemplo, del propio Andersen, y su famoso cuento La fosforera (Den Lille Pige med Svovlstikkerne, 1846), aparecido apenas tres años después que el de Dickens.

El ruso Fiódor Dostoievski (1821-1881), al igual que Andersen, propone una visión de las celebraciones navideñas ajena a cualquier idealización y al optimismo de sus colegas anglosajones, tal como lo muestran los dos relatos que dedicó al tema y que reunimos aquí. El primero, Un árbol de Navidad y una boda (1848), escenifica una típica reunión de la alta burguesía de San Petersburgo, congregada en torno de un árbol navideño, pero expuesta en un despliegue de comportamientos tan anticristianos como la hipocresía, el cálculo, la adulación, el servilismo, el matrimonio de conveniencia, y la violencia contra los niños. El segundo, El árbol de Navidad de Cristo (1876), cuenta la historia de un niño muy pobre para quien la celebración de la Navidad es algo absolutamente ajeno e inalcanzable, que apenas puede atisbar a través de las ventanas, un personaje cuya experiencia y destino guarda muchos parecidos con la vendedora de cerillas de Andersen.

Un árbol de Navidad y una boda (Ёлка и свадьба) apareció en la revista rusa Anales patrióticos, de septiembre de 1848; su personaje principal, Yulian Mastákovich, ya había asomado en su carácter de influyente burócrata en un cuento anterior de Dostoievski, Un corazón débil (Слабое сердце), publicado en el número de febrero de 1848 de la misma revista. El árbol de Navidad de Cristo (Мальчик у Христа на ёлке) conforma un capítulo del Diario de un escritor (Дневник писателя) correspondiente a 1876. Las versiones castellanas que se ofrecen en esta edición digital son originales de In Octavo.


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