Doñarramona

Por José Pedro Bellán

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La llegada de Doñarramona, una gallega joven, lozana y con el carácter formado, para servir como ama de llaves en la casa montevideana, antigua y pesada, de los Fernández y Fernández, obra, en todos los sentidos, como la irrupción de un cuerpo extraño en un organismo en equilibrio. La casa es habitada por cuatro hermanos, un varón y tres mujeres, cuya vida transcurre siguiendo el modelo paterno, sofocada por las convenciones sociales y religiosas. Por su sola presencia, la extraña altera ese orden, pasa a ser su eje y punto de referencia, su guía moral, al tiempo que despierta o agita pasiones ocultas en los recovecos espirituales de sus patrones. Por debajo de las rutinas cotidianas, la casa se convierte en una olla a presión a punto de estallar: los hermanos se ven sacudidos por impulsos inauditos, reviviendo frustraciones pasadas, imaginando fugas hacia la fantasía o el futuro. Todos andan como ensimismados, pero se miran entre sí, se espían, se vigilan. Y también la miran, la espían, la vigilan. Finalmente urden un plan para asimilar a la intrusa, para someter su presencia incómoda. Plan que el varón, poco más que un pelele, acepta sin chistar. Sólo una de las hermanas comprende la atrocidad, se asquea: es la que sueña con el futuro y el aire libre, la que es capaz de dejar correr su vitalidad, su humana simpatía, en un diálogo inolvidable con un chiquillo del rio.

José Pedro Bellán (1889-1930) era recordado más como dramaturgo que como narrador, particularmente luego del éxito obtenido con ¡Dios te salve!, estrenada en Buenos Aires en 1920. Últimamente, sin embargo, la crítica comenzó a reconocerlo como un precursor casi solitario de la literatura urbana en el Uruguay, donde la ficción estuvo dominada por el nativismo o el criollismo hasta las primeras décadas del siglo XX. En esta línea, su género preferido fue el cuento, reunido en colecciones desde Huerco (1914) hasta El pecado de Alejandra Leonard (1926). Doñarramona (1918), su primera novela, exhibe la característica típica de su narrativa: una visión crítica de las convenciones sociales, con el foco puesto en el papel protagónico de la mujer, la sexualidad y el amor. Sobre estos asuntos volvería, con una mirada más honda, en la nouvelle La realidad (1922), adelantando una indagación que presumiblemente quedó interrumpida con su muerte. No es ajeno a su visión del mundo el positivismo laico del batllismo, al que Bellán adhirió políticamente.

Tras su publicación original, Doñarramona fue incluida en 1954 en la Colección de Clásicos Uruguayos del Ministerio de Instrucción Pública, y en 1978 en la serie Club del Libro editada por Radio Sarandí. En esta edición digital se ha modernizado la puntuación, y se ha modificado la distribución en capítulos a partir del XIII, procurando adecuarla al ritmo del relato.


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