historial

Sobre la tierra

Por Diego Angelino

angelino1979

Esta es la historia del Barón y la Baronesa, que llegaron a tierras americanas escapando del infierno europeo, buscando reposo para el espíritu, y terminaron devorados por sus fantasmas pero también por un paisaje geográfico y humano que apenas alcanzaron a comprender. O, si se quiere, es la historia de la vieja Frutos, yuyera y mañosa, cansada ya de cargar con la indolencia de su esposo y de su hijo, que en un momento creyó haber encontrado en los recién llegados el remedio para sus penurias y al momento siguiente vio derrumbarse todo delante de sus ojos. O bien es la historia de la Baronesa y la vieja Frutos, dos mujeres tan diferentes y tan parecidas, necesitadas una de la otra y al mismo tiempo trabadas en un duelo que ata inexorablemente sus destinos. Pero también puede ser la historia del difícil encuentro entre culturas ajenas, una historia de invasiones y usurpaciones recíprocas, cruel con sus protagonistas, estéril, sin futuro, de la que apenas brota, en el momento extremo, la mirada perpleja del hombre de la tierra frente a la tragedia del desarraigado: si no la comprensión, al menos el reconocimiento de que más allá de las lenguas y las costumbres alienta una humanidad común, un desvalimiento compartido frente a un destino inexorable. “Duerma, Señora, duerma. Todos precisamos dormir”, le dice la vieja a la Baronesa en la frase que cierra el relato.… Siga leyendo, y descargue su libro...

La omnipotencia del Estado

Por Juan Bautista Alberdi

alberdi1980

Con la federalización de Buenos Aires, la República Argentina completó en 1880 su organización nacional. Luego de siete décadas de sangrientas disputas, ensayos frustrados y recaídas en la tiranía, el país había logrado darse una Constitución republicana, representativa y federal, había sancionado sus códigos, había superado sus diferencias y encontrado sus equilibrios políticos, y miraba al futuro lleno de optimismo, energía y confianza. En vísperas de las más jubilosas fiestas mayas que sus ciudadanos celebraran en mucho tiempo, uno de los principales arquitectos del país organizado, Juan Bautista Alberdi, ofreció ese año una conferencia saturada de advertencias y prevenciones. El orador fijó posición ya desde el título: “La omnipotencia del estado es la negación de la libertad individual”. Fue uno de los últimos análisis elaborados por el constitucionalista y, para muchos de sus exégetas, su testamento político.… Siga leyendo, y descargue su libro...

El hecho literario

Por Yuri Tiniánov

tinianov1924

Los formalistas rusos, una generación de críticos que floreció entre las décadas de 1910 y 1930, abrieron rumbos radicalmente novedosos para la teoría literaria. Al poner el énfasis en la especificidad de la lengua poética y la literatura en general, sentaron las bases para los análisis modernos, alejados de los enfoques tradicionales que tenían como base la psicología, la sociología, la filosofía, la estética o la historia de la cultura. Los formalistas razonaron que el lenguaje literario debía tener cualidades específicas, y que los estudios literarios debían orientarse consecuentemente hacia esas cualidades, a las que identificaron como recursos, procedimientos o artificios técnicos. Viktor Shklovsky, figura destacada de este grupo, planteó sin rodeos la idea del “arte como artificio”, y sostuvo que el propósito de ese artificio consistía en crear un efecto de extrañamiento, arrancar las cosas de su cotidianeidad, de su rutina, de su automatización, para hacerlas nuevamente visibles.… Siga leyendo, y descargue su libro...

Lo que guarda el corazón

Por Henri Daniel-Rops

daniel-rops1964

La señora Encausse-Greillon, alta, elegante, hermosa todavía, es una dama bien situada de la burguesía francesa de provincia, lionesa en este caso: su apellido de casada alcanzó en algún momento la nobleza de toga, aunque perdió el rango más tarde durante los aciagos años de la Revolución; su marido preside hoy el Colegio de Escribanos, y esto impone al matrimonio exigentes compromisos sociales. Sus tres hijas y su único hijo ya han abandonado la casa familiar, con lo que sus preocupaciones se concentran en responder a esos compromisos y vigilar el aceitado funcionamiento de las rutinas que componen su vida y definen su lugar y el de los suyos en la sociedad. Un buen día, sin embargo, un suceso insólito aunque relativamente trivial la conduce casi por azar hacia el descubrimiento de un desorden mayor: su nuera Laurence, esa muchacha vital, desenfadada y desbordante por la que nunca tuvo mucha simpatía, le ha sido infiel a su hijo. El mundo de la señora Encausse-Greillon cruje en sus engranajes, y no sólo el mundo, sino su propio espíritu. La aventura de su nuera le remueve antiguas inquietudes y desasosiegos, que su corazón guardaba aletargados, y que ella se resiste a mirar a la cara. La señora Encausse-Greillon sabe muy bien que entre su hijo y su marido hay fuertes parecidos (una debilidad esencial, una necesidad de ampararse en las rutinas), lo que genera en ella sentimientos ambiguos ante esa joven audaz, que se atrevió a cruzar la barrera de las convenciones. Lo que guarda el corazón … Siga leyendo, y descargue su libro...

La culpa

Por F. J. Solero

solero1956

El lector tiene ante sí una novela argentina importante. Publicada hace más de medio siglo, y nunca reeditada, padeció la rara suerte de haber sido pertinazmente ignorada en los sucesivos repasos que la crítica hizo del género desde entonces. La culpa comparte las características principales de la narrativa de su época: el tono pesimista, los ambientes sórdidos, el sexo retorcido, la soledad esencial de los protagonistas, características fuertemente inducidas por las corrientes literarias (norteamericana, italiana, en menor medida francesa) y filosóficas (existencialismo, marxismo) prevalecientes. Pero recorre un camino tan alejado de la angustia metafísica de un H. A. Murena como de la denuncia social de un David Viñas. Sus personajes no actúan una teoría, tampoco el cómo … Siga leyendo, y descargue su libro...

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