Por H. A. Murena

Hablar de crisis argentina es, a esta altura, un pleonasmo. La crisis se ha convertido en el estado permanente del país, y ya es posible contar hasta tres o cuatro generaciones que sólo han vivido dentro de la crisis, que nunca han conocido otra cosa fuera de ella. La crisis de la Argentina se inició en la década de 1930, cuando se rompió el cordón umbilical que la unía al Imperio Británico y le aseguraba un envidiable bienestar. El repentino desamparo mostró la endeblez de su sistema político, que se desplomó inaugurando una serie de golpes de estado prolongada hasta el nuevo siglo, y mostró también la inmadurez de su sistema social. Noventa años después, el país todavía no dio con la manera de resolver su crisis. Como un adolescente airado, que no acierta a encontrar su lugar en el mundo, se tornó caprichoso y violento, especialmente contra sí mismo. Como todo adolescente, exhibe brotes de genialidad, de temperamento, de impetuosa energía que despiertan expectativas sobre su potencialidad y su futuro, aunque acompañados de una pertinaz incapacidad para encauzarlos constructivamente que desalienta y apaga esas expectativas.… Siga leyendo, y descargue su libro...





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