Política y religión

Por Jean-Marie Domenach

Cuando el Occidente cristiano enfrenta circunstancias políticamente turbulentas, la Iglesia católica no puede sustraerse a la vorágine, ni tampoco realmente quiere hacerlo: su vocación, sus creencias no le permiten mantenerse al margen. Sin embargo, desde aquel enigmático precepto evangélico de dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, las relaciones entre la religión y la política nunca han sido sencillas, especialmente porque estos dos poderosos polos de la condición humana tienen en su naturaleza una ambición de totalidad, y ninguno de ellos acepta la idea de acabar descuidadamente subsumido en el otro. Este riesgo se le planteó al catolicismo de manera acuciante a mediados del siglo pasado en relación con el avance arrollador del marxismo político, y vuelve a presentarse ahora a propósito de una ofensiva similar, esta vez del marxismo cultural. Los cristianos pudieron al menos comprender entonces, desde su propio mandato de justicia y caridad, las demandas del socialismo; el marxismo cultural se les presenta sin atenuantes como un enemigo.

El siguiente análisis encara la cuestión desde la original perspectiva de las conciencias, política y religiosa. Aunque fue pensado para los desafíos de los sesenta, y desarrollado en los términos del debate cultural de los sesenta, muchas de sus advertencias son pertinentes para esta circunstancia tan confusa e inquietante que se despliega en las primeras décadas del siglo XXI, porque apuntan al peligro siempre latente de que la Iglesia se convierta en un actor político más, y exclusivamente en eso, y de que el combate perpetuo de la fe, que es más bien de orden espiritual, se confunda con las refriegas históricas de un momento determinado. Una ideología política cristiana “mistifica la política y politiza la religión”, dice el autor. “La vida política no es la arena donde se dirimen angustiosas opciones entre Dios y el César”; más bien debería apuntar a que “quien eligió a Dios no se sienta martirizado por un César idólatra, ni tampoco sojuzgado por un César pretendidamente cristiano.”

Jean-Marie Domenach (1922-1997) fue un pensador católico francés adscripto al personalismo, una corriente existencialista cristiana creada y conducida por Emmanuel Mounier, cuya revista Esprit, que divulgaba las ideas del movimiento, dirigió entre 1957 y 1976. Publicó decenas de artículos y libros sobre el pensamiento católico en general y la orientación personalista en particular, entre ellos Teilhard de Chardin et le personnalisme (1963), Le retour du tragique (1967), Emmanuel Mounier (1972) y Le christianisme éclaté (con Michel de Certeau, 1974). El ensayo que aquí presentamos apareció en Esprit en marzo de 1958 con el título de “Conscience politique et conscience religieuse”, y fue vertido al castellano por In Octavo.


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