La crisis argentina

Por H. A. Murena

Hablar de crisis argentina es, a esta altura, un pleonasmo. La crisis se ha convertido en el estado permanente del país, y ya es posible contar hasta tres o cuatro generaciones que sólo han vivido dentro de la crisis, que nunca han conocido otra cosa fuera de ella. La crisis de la Argentina se inició en la década de 1930, cuando se rompió el cordón umbilical que la unía al Imperio Británico y le aseguraba un envidiable bienestar. El repentino desamparo mostró la endeblez de su sistema político, que se desplomó inaugurando una serie de golpes de estado prolongada hasta el nuevo siglo, y mostró también la inmadurez de su sistema social. Noventa años después, el país todavía no dio con la manera de resolver su crisis. Como un adolescente airado, que no acierta a encontrar su lugar en el mundo, se tornó caprichoso y violento, especialmente contra sí mismo. Como todo adolescente, exhibe brotes de genialidad, de temperamento, de impetuosa energía que despiertan expectativas sobre su potencialidad y su futuro, aunque acompañados de una pertinaz incapacidad para encauzarlos constructivamente que desalienta y apaga esas expectativas.

Para la mirada extranjera, la crisis argentina puede aparecer como un continuo, pero el ojo local es capaz de reconocer jalones que van recortando etapas, momentos, períodos diferentes. El texto ofrecido en este libro fue escrito luego del golpe de estado que derrocó al presidente Juan Perón en 1955, uno de esos hitos. Leído casi setenta años después, su actualidad resulta estremecedora: revela con dolorosa elocuencia que los argentinos no han logrado en ese lapso avanzar un solo paso en la resolución de sus problemas, y que los conflictos y las disidencias que los enfrentaban entonces son los mismos que todavía hoy paralizan no digamos ya su desarrollo, sino su simple convivencia sana y normal. Y cuyos ingredientes principales son, según el autor, la desaprensión y arrogancia de las clases superiores, el resentimiento de las inferiores, y la consiguiente imposibilidad de forjar entre todos ese sentimiento de pertenencia a una comunidad que es columna vertebral de cualquier nación.

H. A. Murena (1923-1975) fue una de las inteligencias más lúcidas del siglo XX en la Argentina, como lo ratifica la frase con la que cierra este texto, y sus reflexiones sobre el país en particular y Occidente en general —El pecado original de América (1954), Homo Atomicus y Ensayos sobre subversión (1962), La cárcel de la mente (1971)— han resistido en gran medida el paso del tiempo tanto por el rigor intelectual que las sostiene como por su empecinado apartamiento de las ideologías en su momento en boga. El ensayo que aquí presentamos apareció en la revista Sur en septiembre-octubre de 1957 con el título de “Notas sobre la crisis argentina” y no fue recogido en libro por su autor.


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