Cuánta tierra necesita un hombre

Por León Tolstoi

La cultura occidental no tiene saldadas las cuentas respecto del tema de la ambición. Si se comenta de alguien que es una persona sin ambiciones o escasamente ambiciosa implícitamente se está sugiriendo una falla de carácter. Pero lo mismo ocurre cuando se dice de algún otro que es demasiado ambicioso o que se deja arrastrar por sus ambiciones. ¿Es que existe alguna medida correcta y socialmente aceptable para la ambición? En este caso, ¿quién la determina, y cómo? ¿Esa medida es igual para todos? ¿Qué pensaríamos de un andinista que no ambicionara llegar a la cima? ¿O de un científico que no ambicionara demostrar la validez de su tesis? ¿Acaso hay ambiciones nobles e innobles? Pajóm, el campesino de la estepa rusa que protagoniza este relato, es un hombre ambicioso. La ambición de este mujik es la posesión de tierras, en la que encuentra a la vez seguridad y motivo de orgullo, y por la que se juega entero y limpiamente. El autor sugiere que esa ambición le ha sido dictada por el Diablo.

León Tolstoi (1828-1910), uno de los nombres mayores de la literatura de todos los tiempos, fue un aristócrata ruso que tempranamente tomó conciencia de las enormes diferencias que escindían la sociedad de su país, y procuró reflejarlas con realismo en sus escritos. De ese empeño resultaron sus dos grandes novelas La guerra y la paz (1869) y Ana Karenina (1878). Atravesado por crisis espirituales no menores, e influido por autores europeos de la época, en particular Arthur Schopenhauer y Pierre-Joseph Proudhon, su visión del mundo fue inclinándose hacia una suerte de anarquismo cristiano, perceptible en el resto de su producción, que incluye cuentos, obras de teatro, y novelas cortas como La muerte de Iván Ilich (1886) y Resurrección (1899).

El relato “¿Cuánta tierra necesita un hombre?” pertenece a este segundo momento, y apareció originalmente en el tomo XI de las obras de Tolstoi, publicado en 1886, el mismo año en que fue escrito. Se sabe que el novelista James Joyce lo recomendaba a su hija como “uno de los cuentos más grandes de la literatura mundial”, y que el filósofo Ludwig Wittgenstein lo citaba en sus clases. La crítica encontró en esta narración no pocas alusiones evangélicas: “¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?”, dice Jesús a sus discípulos según San Mateo. La versión castellana que aquí presentamos es original de In Octavo.


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