Por Emma de la Barra
Si esta extensa novela se hubiera publicado contemporáneamente, seguramente habría aparecido envuelta en una faja promocional con la leyenda “Una argentina en Downton Abbey”. Eleonora Wenner, una joven hermosa, educada e inteligente huye a Europa escapando de un amor frustrado y una situación de acoso familiar, y por una serie de circunstancias fortuitas su vida se encamina hacia Barrington Mansion, un palacio inglés similar en modos y características al de la serie británica, donde es acogida como una hija por la poderosa familia de lord Barrington. Eleonora se mueve con singular naturalidad en ese ambiente, participa de su vida social y política –de la que extrae lecciones para la patria siempre añorada–, lidia con las previsibles rivalidades y conoce un nuevo amor, que se va gestando con la morosidad de las cosas hondas, en uno de los hombres más codiciados de Inglaterra. Pero un llamado desde Buenos Aires le recuerda que tiene allí una deuda no saldada, y su vida sufre un nuevo vuelco.
Emma de la Barra (1860-1947) usó el pseudónimo de César Duayen a lo largo de toda su carrera de escritora, convencida de que a los autores masculinos se les prestaba mayor, o más seria, atención. El rotundo impacto de su primera novela, Stella (1905), que se convirtió en el primer éxito editorial del siglo XX en la Argentina, pareció darle la razón. Sin embargo, sus títulos posteriores no gozaron del mismo favor del público. Stella es una mujer cuya vida ha sido decidida por otros, y las feministas del siglo XXI quisieron ver en su historia un anticipo de sus propias reivindicaciones. Pero la protagonista de Eleonora (1933), escrita casi treinta años después, es una mujer que decide sobre su propia vida y no por eso deja de ser femenina, en su sensibilidad, en sus afectos, en su manera de ver al hombre y en su relación con el hombre. Cuando reivindica sus derechos, lo hace invocando su condición de persona, no su condición de mujer. Al contrastarla con su hermana Martha, sumisa y atrapada en un matrimonio desgraciado, la autora sugiere que la independencia femenina es más bien una cuestión de carácter.
De la Barra demuestra ser eficaz en la concepción de la trama y el sostenimiento de la intriga, que en Eleonora se mantiene viva casi hasta la última página. Su sobria descripción del ambiente y las costumbres de la nobleza inglesa está a la altura de una escritora argentina. Sus recursos narrativos suman cartas y diarios personales al relato convencional. Pero emplea un lenguaje rebuscado, con abuso de gerundios y pronombres enclíticos, para no hablar de personajes y lugares que cambian descuidadamente de nombre. Al preparar esta edición digital, se trató de desmalezar en algún grado el texto y asegurar su coherencia. (Quienes se propongan hacer un trabajo erudito sobre esta novela deberían por lo tanto procurarse la edición original.)
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