La muerte de Dios

Por Carlos Mugica

La muerte de Dios fue anunciada a fines del siglo XIX por Friedrich Nietzsche, Karl Marx y, hasta cierto punto, por Sigmund Freud. Las grandes transformaciones posteriores parecieron borrar el escándalo inicial de esa triple advertencia dejando a la vista lo que para muchos era su verdad esencial: el hombre ya no necesita de Dios para edificar su ciudad, y en la ciudad moderna no hay espacio para lo sagrado. Ante esta comprobación, muchos teólogos cristianos, católicos y protestantes, alcanzados por el fermento del Concilio Vaticano II, se plantearon un doble desafío: aproximar la revelación evangélica a la mentalidad del tiempo presente, y encontrar un papel para las iglesias en el mundo contemporáneo.

El autor de este ensayo ofrece una apretada síntesis del problema, expone algunas de las propuestas surgidas de ese debate, y adhiere a las vías de acción que una importante corriente de teólogos proponía en la segunda mitad del siglo pasado: el mensaje de Cristo es un mensaje de liberación y las iglesias, intérpretes de ese mensaje, sólo tendrán futuro en la medida en que se conviertan en agentes de la liberación del hombre. Pero advierte con toda firmeza que “Cristo es mucho más ambicioso que un revolucionario”, y que su meta es trascendente: liberar al hombre, para ponerlo a las puertas de la vida divina.

Carlos Mugica (1930-1974) fue un sacerdote jesuita, profesor de teología en la Universidad del Salvador, que adhirió al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, ejerció su ministerio en los barrios pobres de Buenos Aires, y orientó doctrinariamente a los jóvenes que luego crearon la organización Montoneros, de la que tras una serie de desacuerdos sobre las acciones armadas tomó públicamente distancia cuando se restableció la democracia en 1973. Mugica murió al año siguiente, asesinado por la derecha, repudiado por la izquierda, y llorado por su grey. La corriente teológica ecuménica que refleja en sus ensayos  –La muerte de Dios (1970), Jesús y la política de su tiempo (1972)– fue literalmente erradicada del debate católico bajo el papado de Juan Pablo II; su mano derecha en esa tarea, el cardenal Joseph Ratzinger, entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, lo sucedería en el trono de Pedro bajo el nombre de Benedicto XVI.


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