Por August Strindberg
Hay en esta obra dos personajes principales: Julia, una joven de noble cuna, y Juan, su sirviente; un personaje secundario: Cristina, la cocinera de la casa; y un protagonista dominante que no aparece en escena, ni tiene nombre, ni figura en el elenco, pero está siempre presente, sea como un par de botas, sea como una voz que llega desde arriba pero que el público no escucha: el conde. Su ausencia permite que se anude el conflicto en el que los jóvenes quedan atrapados, y la noticia de su regreso a la casa solariega precipita el desenlace inexorable. No hay nada parecido al amor en la historia de Julia y Juan, sino más bien lujuria, ambiciones, intereses, juegos de poder, y un ansia de libertad que ni una ni el otro logra satisfacer.
Aunque cultivó casi todos los géneros, el sueco August Strindberg (1849-1912) es apreciado especialmente por su obra dramática, con un comienzo naturalista que mudó más tarde hacia el expresionismo. Una voluntad constante de renovación le permitió anticipar recursos, estilos y temáticas que serían característicos de la escena europea del siglo XX. El autor declara en el prólogo que La señorita Julia se ocupa de asuntos tales como “el ascenso y la declinación social, lo encumbrado y lo inferior, lo mejor y lo peor, el hombre y la mujer”. El tratamiento que Strindberg les da en la obra, cuyos personajes no pueden escapar al doble determinismo de las pasiones y los instintos por un lado y del orden social y económico por el otro, justifica ciertamente la descripción de “tragedia naturalista” que acompaña al título.
Se ha incluido en esta edición digital el prefacio del autor, habitualmente ausente en las ediciones de divulgación en lengua hispana, que ilustra con amplitud no sólo las preocupaciones literarias y escénicas de Strindberg sino también sus impresiones respecto de la sociedad europea de su tiempo. La traducción, tanto del prólogo como de la obra, es original de In Octavo. El lector advertirá en el personaje de Juan un empleo alternativo del usteo y el tuteo en su conversación con la señorita Julia, doble registro que no existe en el idioma sueco; se trata de una decisión arbitraria del traductor, orientada a acomodar naturalmente el diálogo en castellano a las cambiantes instancias de la relación del sirviente con su señora.
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