Por Ernest Renan

A fines del siglo XVIII, la revolución francesa despejó el camino hacia la constitución de los estados nacionales que hoy conocemos; Europa y América dedicaron el siglo XIX a la construcción de esos estados, avanzando con dificultad por caminos no explorados. Los súbditos de reinos o de imperios se convirtieron en ciudadanos más o menos voluntaria y libremente asociados. Al tiempo que la política tejía la trama que mantiene unido al estado-nación, los hombres de pensamiento se preguntaban sobre su naturaleza, sus fundamentos y sus límites. Los argumentos de entonces cobran hoy renovado interés porque los estados nacionales soportan el vendaval de unas minorías dotadas de un poder económico y coercitivo jamás visto en la historia, empeñadas en borrar fronteras y diferencias culturales, y decididas a devolver la humanidad a sus más oscuras épocas de servidumbre.… Siga leyendo, y descargue su libro...



In Octavo