Por Mary Shelley
A instancias de su familia, el doctor Frankenstein busca sanar en la montaña el dolor causado por los crímenes de su monstruosa criatura. Pero ese hijo antinatural va en su busca y reclama ser escuchado. Obtenido el asentimiento, toma literalmente la palabra y cuenta su historia: habla de cómo llegó a conocer la lengua, la cultura, y la sociedad de los humanos, y reconoce que jamás podrá ser aceptado entre ellos. Esta segunda parte de una novela de la que Dios está ausente parece atravesada por una frase bíblica: “Padre, ¿por qué me has abandonado?” El ente plantea por fin una demanda que toca el corazón de su creador, aun cuando viene acompañada de crueles amenazas y promesas de venganza.
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