Por Gherardo Bozzetti

Para los nacidos en el mundo posterior a las dos grandes guerras del siglo pasado la idea de que un estado desaparezca resulta contraintuitiva. La noción de un orden mundial guiado por el derecho internacional y custodiado por organismos multilaterales como las Naciones Unidas supone una relativa estabilidad política. La única alteración significativa de ese orden fue el colapso de la Unión Soviética, pero más que una desaparición pareció una liberación: naciones anteriormente sofocadas bajo ese conglomerado volvieron a la vida con sus propias individualidades, incluida Rusia. En el mismo lapso, por efecto de diferentes procesos históricos y políticos en su mayoría derivados de la descolonización nacieron nuevos estados en Asia, África y el Medio Oriente, pero la desaparición de un estado —especialmente de un estado poderoso— parece cosa del pasado remoto, remite a nombres como Asiria, o Cartago, o Sumer.… Siga leyendo, y descargue su libro...





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