Tiberio, por Gregorio Marañón

Tibe­rio, uno de los empe­ra­do­res del lla­mado “siglo de Augusto”, domi­nado por la dinas­tía julio-claudiana que marcó el apo­geo de Roma, ha sido des­cripto por los his­to­ria­do­res bien como un talento mili­tar y un cui­da­doso admi­nis­tra­dor, bien como un mons­truo cruel e impia­doso. Para ilu­mi­nar la psi­co­lo­gía de tan con­tra­dic­to­rio per­so­naje, este libro ana­liza el con­texto his­tó­rico y traza el retrato de sus prin­ci­pa­les figu­ras, en rela­ción con los cua­les se va mol­deando la ator­men­tada per­so­na­li­dad tibe­riana. En el pro­ceso, salen a relu­cir todos los vicios y vir­tu­des de la corte impe­rial: la ambi­ción, la astu­cia, las riva­li­da­des de casta entre la gens iulia y la gens clau­dia, el coraje, la cobar­día, la hon­ra­dez, la luju­ria, el puri­ta­nismo, la corrup­ción, la locura, el resen­ti­miento, la leal­tad y la traición.

Este libro puede leerse alter­na­ti­va­mente como un texto de his­to­ria, como un tra­tado polí­tico o como una narra­ción que atrapa con la fuerza de una fic­ción. Pero antes que nada, tene­mos ante noso­tros un pene­trante estu­dio psi­co­ló­gico sobre el resen­ti­miento, una pasión muy exten­dida y poco exa­mi­nada que explica más de un fenó­meno polí­tico y social de nues­tra época. “No pre­tendo –dice el autor– hacer la his­to­ria de Tibe­rio, sino la his­to­ria de su resen­ti­miento. Tibe­rio fue un ejem­plar autén­tico del hom­bre resen­tido, y por eso lo he ele­gido como tema”.

Gre­go­rio Mara­ñón (1887–1960) se formó como médico y se espe­cia­lizó en endo­cri­no­lo­gía, pero junto a su reco­no­cida acti­vi­dad cien­tí­fica des­plegó una amplia tarea como escri­tor y pen­sa­dor, libe­ral y huma­nista. Desde la doble ver­tiente cien­tí­fica y filo­só­fica, adqui­rió una pro­funda com­pren­sión del alma humana que volcó en innu­me­ra­bles artícu­los y libros. Tibe­rio. His­to­ria de un resen­ti­miento (1939) es uno de sus “ensa­yos bio­ló­gi­cos”, un género de su crea­ción que inició con Ensayo bio­ló­gico sobre Enri­que IV de Cas­ti­lla y su tiempo (1930), y al que sumó tra­ba­jos como Amiel. Un ensayo sobre la timi­dez (1932), El conde-duque de Oli­va­res. La pasión de man­dar (1936), Don Juan. Un ensayo sobre el ori­gen de su leyenda (1940), y Anto­nio Pérez. El hom­bre, el drama, la época (1947), entre otros.

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