Teresa Borg, por Sara Gallardo

Teresa Borg
La narra­tiva de Sara Gallardo, espe­cial­mente en sus últi­mos tra­ba­jos, se desen­vuelve en torno de unos per­so­na­jes de carac­te­rís­ti­cas muy mar­ca­das, deci­di­da­mente sin­gu­la­res, pero que sin embargo nunca pare­cen estar en con­trol de sus des­ti­nos, azo­ta­dos por vien­tos encon­tra­dos que ter­mi­nan por des­tro­zar sus vidas con­tra unos esco­llos inexo­ra­bles, arras­trando a otros en el nau­fra­gio. Hom­bres o muje­res, humil­des o encum­bra­dos, todos pade­cen de la misma fra­gi­li­dad esen­cial, la de una rosa des­ho­jada por el viento: no se sal­van los que creen haber hallado el amparo de una vida estruc­tu­rada, pero tam­poco los que retan con­ti­nua­mente al des­tino reco­rriendo la senda de la aven­tura. Los per­so­na­jes de Gallardo sufren sus peri­pe­cias en tie­rras extra­ñas, pero su extran­je­ría, sus difi­cul­ta­des con las cos­tum­bres o las len­guas, sugiere más bien una con­di­ción exis­ten­cial. En el relato que pre­sen­ta­mos, un trá­gico trián­gulo amo­roso, el doc­tor Borg, Teresa, Olaf, son arro­ja­dos unos con­tra otros por un enca­de­na­miento de epi­so­dios aza­ro­sos que esca­pan a la volun­tad de sus pro­ta­go­nis­tas y que los con­du­cen, a todos, al desas­tre. Nadie puede pre­ver, ni mucho menos evi­tar, las con­se­cuen­cias de sus actos, aún tan tri­via­les como la redac­ción de una sim­ple carta fami­liar: “De este modo, sen­tado ante su escri­to­rio, en esa luz, el doc­tor Borg cargó y gati­lló el arma que des­trui­ría no sólo su feli­ci­dad sino algo más sutil: la estruc­tura de lo que siem­pre había tomado por su pro­pio ser”. Este tipo de fra­ses, en las que el narra­dor pro­yecta hacia el futuro los efec­tos de un acto pre­sente, se repi­ten una y otra vez en los rela­tos de Gallardo. Rela­tos escri­tos en una len­gua sin melo­día, sin­co­pada, ato­nal, que elude los enca­de­na­mien­tos habi­tua­les poniendo fre­nos donde no se los espera y avan­zando cuando parece lle­gar la pausa.

Sara Gallardo (1931–1988) publicó cinco nove­las: Enero (1958), Pan­ta­lo­nes azu­les (1963), Los gal­gos, los gal­gos (1968), Eise­juaz (1971), La rosa en el viento (1979); y una colec­ción de cuen­tos: El país del humo (1977). Su narra­tiva siguió un camino temá­tico y esti­lís­tico al mar­gen de las modas de la época, y pasó de un exa­men del mundo social en el que se crió –el de las vie­jas fami­lias argen­ti­nas– a una refle­xión amarga y des­pia­dada sobre la con­di­ción humana. A esa evo­lu­ción no fue ajeno su encuen­tro a fines de los 60 con el escri­tor H.A. Murena.

Teresa Borg fue publi­cado ori­gi­nal­mente en el dia­rio La Opi­nión de Bue­nos Aires en 1978, e incor­po­rado luego a la novela La rosa en el viento, donde sirve para intro­du­cir el per­so­naje de Olaf. Pero es una his­to­ria con­te­nida en sí misma, y buena mues­tra de la pro­duc­ción de esta narradora.

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Un comentario sobre Teresa Borg, por Sara Gallardo

  1. Margoth escribió:

    Tex­tos muy intere­san­tes. Muchas gracias

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