Dinero, por Charles Eisenstein

La cri­sis finan­ciera desatada en el 2008 en los Esta­dos Uni­dos, y repli­cada luego en Europa, puso al des­cu­bierto un pro­ceso que venía ace­le­rán­dose desde el último cuarto del siglo pasado y que ganó velo­ci­dad favo­re­cido por el desa­rro­llo de la infor­má­tica y las comu­ni­ca­cio­nes: el pre­do­mi­nio de la eco­no­mía finan­ciera por sobre la eco­no­mía real. Para sin­te­ti­zarlo drás­ti­ca­mente, la eco­no­mía real genera riqueza a par­tir del tra­bajo, la eco­no­mía finan­ciera genera riqueza a par­tir del dinero. La pri­mera resulta intui­ti­va­mente com­pren­si­ble, la segunda requiere com­ple­jas expli­ca­cio­nes y fór­mu­las enig­má­ti­cas. La intui­ción dice tam­bién que la eco­no­mía finan­ciera debe­ría estar subor­di­nada a la eco­no­mía real, pero fue­ron manio­bras y espe­cu­la­cio­nes finan­cie­ras las que sumie­ron la eco­no­mía real de los paí­ses desa­rro­lla­dos en un marasmo del que aún no han salido.

Ya antes de que esta­llara la cri­sis, varios eco­no­mis­tas se habían dedi­cado a exa­mi­nar nue­va­mente la natu­ra­leza del dinero, que cons­ti­tuye, por decir así, la mate­ria prima de la eco­no­mía finan­ciera. Sobre­sa­lie­ron enton­ces tra­ba­jos como The future of money, de Ber­nard Lie­taer, y The lost science of money, de Step­hen A. Zar­lenga, pero todos remi­ten de una u otra manera a la pene­trante intui­ción del germano-argentino Sil­vio Gesell quien en su obra El orden eco­nó­mico natu­ral (1916) advir­tió que el aspecto con­flic­tivo del dinero no resi­día en su papel como ins­tru­mento de inter­cam­bio sino en su papel como reserva de valor, y en la noción de inte­rés aso­ciada a él. Pro­puso enton­ces fijar una suerte de inte­rés nega­tivo, que pro­mo­viera la cir­cu­la­ción y gra­vara la acumulación.

El ensayo que aquí pre­sen­ta­mos exa­mina en su pri­mera parte cómo el dinero con inte­rés posi­tivo, y la noción de cre­ci­miento expo­nen­cial ili­mi­tado que le es inhe­rente, han frac­tu­rado las rela­cio­nes del hom­bre con los demás hom­bres y con la natu­ra­leza que lo alberga, y pro­vo­cado la mayo­ría de los males socia­les que están a la vista. La segunda parte, apo­yán­dose prin­ci­pal­mente en las teo­rías de Gesell, des­cribe el fun­cio­na­miento de una eco­no­mía basada en dinero con inte­rés nega­tivo y la manera como esa eco­no­mía res­ta­ña­ría los víncu­los del hom­bre con sus seme­jan­tes y con su entorno.

El esta­dou­ni­dense Char­les Eisens­tein (1967) se gra­duó en mate­má­ti­cas y filo­so­fía en la Uni­ver­si­dad de Yale. Viajó luego a Tai­wan donde se fami­lia­rizó con las tra­di­cio­nes orien­ta­les, y con­cen­tró luego su tra­bajo en dos áreas que con­si­dera rela­cio­na­das: la con­cep­ción holís­tica de la salud, y la trans­for­ma­ción de la con­cien­cia y la civi­li­za­ción humana. Ade­más de nume­ro­sos artícu­los, ha publi­cado dos libros que ampli­fi­can las dos par­tes del pre­sente ensayo: The Ascent of Man (2008) y Sacred Eco­no­mics (2011).

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