La pesquisa, por Paul Groussac

La pesquisa

Dos muer­tes enig­má­ti­cas, una pequeña for­tuna oculta, y una her­mosa here­dera que guarda un secreto son los ingre­dien­tes de este cuento, uno de los pri­me­ros apor­tes argen­ti­nos al género poli­cial. Su autor, Paul Grous­sac (Tou­louse, Fran­cia, 1848–Buenos Aires, 1929), lo publicó anó­ni­ma­mente en el dia­rio Sud-América, con el título “El can­dado de oro” los días 21, 25 y 26 de junio de 1884, y lo reeditó con un nuevo título, “La pes­quisa”, pero con­ser­vando el ano­ni­mato en la revista La Biblio­teca en 1887.

Grous­sac fue una figura domi­nante de la escena cul­tu­ral argen­tina desde fines del siglo XIX hasta las pri­me­ras déca­das del XX. Su pro­duc­ción reco­rre una varie­dad de géne­ros, desde la fic­ción al ensayo, y desde el drama a la his­to­ria. Como crí­tico, como direc­tor de publi­ca­cio­nes como las dos men­cio­na­das, y como direc­tor de la Biblio­teca Nacio­nal durante cua­renta y cua­tro años, ejer­ció una influen­cia nota­ble, casi un arbi­traje, en la orien­ta­ción y desen­vol­vi­miento de la lite­ra­tura nacio­nal. Aplicó a su pro­pia pro­duc­ción el mismo rigor que reser­vaba para la de los demás, y fue par­ti­cu­lar­mente exi­gente con sus ejer­ci­cios narra­ti­vos: vetó la reedi­ción de su novela ini­cial Fruto vedado (1884), nunca reco­no­ció la auto­ría del cuento que aquí pre­sen­ta­mos, y sólo resol­vió dar a la imprenta cua­tro o cinco pie­zas reuni­das en el volu­men Rela­tos argen­ti­nos (1922).

La pes­quisa” es uno de los pri­me­ros cuen­tos poli­cia­les argen­ti­nos y revela una rica com­ple­ji­dad que ha hecho las deli­cias de los crí­ti­cos. En prin­ci­pio por su estruc­tura de cajas chi­nas, en las que un relato envuelve a otro, y éste a un ter­cero, creando un lla­ma­tivo efecto de dis­tan­cia­miento. Pri­mero, Grous­sac nos cuenta la his­to­ria del joven prin­ci­piante que supues­ta­mente lo escri­bió; luego, un narra­dor des­co­no­cido nos habla sobre cómo se entre­tie­nen los pasa­je­ros de un largo viaje en barco, y por fin un ex comi­sa­rio cuenta un epi­so­dio de su carrera, una pes­quisa que se ubi­cará en la inter­sec­ción de dos tra­mas. Cuando Grous­sac escribe este cuento, la narra­ción poli­cial es toda­vía un género en for­ma­ción, y el autor lo tra­baja con amplia liber­tad, des­cu­briendo cami­nos que luego serían reco­rri­dos por otros. Tra­tán­dose de un escri­tor que se mueve en un con­texto ideo­ló­gico posi­ti­vista y se iden­ti­fica con él, sor­prende que su inves­ti­ga­dor se incline por la intui­ción antes que por la deduc­ción racio­nal de cau­sas y efec­tos. Tam­bién sor­prende que su pes­quisa con­duzca a res­ta­ble­cer el orden roto por el cri­men no tanto iden­ti­fi­cando al ase­sino y sus moti­vos —que aquí son evi­den­tes de entrada—, sino más bien escla­re­ciendo la incierta situa­ción de otros acto­res, envuel­tos en una his­to­ria de tono folle­ti­nesco que se cruza con el inci­dente poli­cial. Antes que demos­trar la cul­pa­bi­li­dad del cul­pa­ble, la pes­quisa de Grous­sac des­peja dudas sobre la inocen­cia de los inocentes.

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