Quién mató a Bob Teal, por Dashiell Hammett

hammett1924Bob Teal, un hombre joven y apreciado por sus colegas, camino de convertirse en uno de los investigadores rutilantes de la Agencia de Detectives Continental, aparece muerto en un baldío de San Francisco mientras trabajaba en un caso, más exactamente mientras seguía los pasos de su principal sospechoso. Las implicaciones parecen obvias, tan obvias que nadie en la agencia está dispuesto a dejarse guiar por ellas. Entonces el jefe encomienda a su agente más experimentado averiguar qué pasó con el compañero asesinado.

Éste es el décimo cuarto relato de las tres docenas escritas por Dashiell Hammett (1894-1961) con el agente de la Continental como protagonista. Nunca el autor nos dice el nombre de este agente, ni tampoco el de su jefe, que aparece siempre mencionado como el Viejo; de otros detectives de la agencia sí conocemos los nombres, como Dick Foley, Mickey Lineham, MacMan y el propio Bob Teal, que ya había aparecido en dos relatos anteriores: Slippery Fingers (Dedos de manteca, 1923) y Zigzags of Treachery (Vaivenes de traición, 1924).

El agente de la Continental había hecho su debut un año antes en la revista Black Mask, donde aparecieron todas sus aventuras menos dos, entre las que se cuenta la que aquí presentamos. El editor de Black Mask, Phil Cody, debió haber estado en un mal día cuando le devolvió a Hammett los dos cuentos que le había ofrecido ese mes: ¿Quién mató a Bob Teal? (Who killed Bob Teal, 1924) y Mujeres, política y crimen (Women, Politics and Crime, 1924). Hammett le respondió que no pensaba reescribirlos porque ninguno de los dos valía la pena. Por lo que parece, Cody cambió de opinión respecto del segundo y lo publicó enseguida; Hammett cambió de revista para el primero, y lo llevó a True Detective Mysteries, que lo publicó en noviembre de 1924. Fieles a su compromiso de publicar casos reales, los editores de la revista atribuyeron el relato a Dashiell Hammett, de la Agencia de Detectives Continental.

Esta historia anticipa una estructura que Hammett retomaría, de manera más elaborada y compleja, en una de sus novelas famosas: El halcón maltés (The Maltese Falcon, 1930). Y el agente de la Continental que la protagoniza anticipa igualmente el perfil del detective curtido —el Sam Spade del propio Hammett, el Philip Marlowe de Raymond Chandler, el Mike Hammer de Mickey Spillane o el Lew Archer de Ross Macdonald—, que lejos de encarar sus casos con distancia profesional, se involucra en ellos personalmente, toma partido, altera el curso de los acontecimientos, más preocupado por hacer justicia que por desentrañar un enigma policial.

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