Libro de quejas, por Conrado Nalé Roxlo

nale1953Hasta media­dos del siglo XX, el ferro­ca­rril era prác­ti­ca­mente el único medio de trans­porte sub­ur­bano en Buenos Aires; todos esta­ban fami­lia­ri­za­dos con su fun­cio­na­miento y con el mundo de los tre­nes y las esta­cio­nes, sus jefes y ayu­dan­tes, maqui­nis­tas y guar­das, cam­pa­nas y sil­ba­tos, bole­tos de perro y bole­tos de recreo, hora­rios y, natu­ral­mente, libros de que­jas. El libro de que­jas era el lugar donde el pasa­jero dejaba asen­ta­dos sus reclamos.

Pero el libro de que­jas es tam­bién, a su modo, un libro, libro muy apto para ser apro­ve­chado por un escri­tor con pro­pó­si­tos humo­rís­ti­cos. Este Libro de que­jas emprende su mar­cha por carri­les neta­mente ferro­via­rios, comen­tando en tren ligero situa­cio­nes y per­so­na­jes de vagón y sala de espera, pero al pro­me­diar el viaje, sin dar mayo­res seña­les, el autor, no diga­mos que des­ca­rrila pero sí que cam­bia de vía, y se des­preo­cupa de las barre­ras. Entonces el suyo se con­vierte en una espe­cie de libro de que­jas de los pasa­je­ros de la vida. Quejas ama­bles, tra­za­das por un humo­rista fino, de los que supo haber muchos y muy bue­nos en la Argentina, que pone en juego múl­ti­ples recur­sos del género —el humor absurdo, el humor de situa­cio­nes, la cari­ca­tura, el juego de pala­bras— para pro­vo­car la sonrisa.

Conrado Nalé Roxlo (1898–1971), perio­dista, poeta, dra­ma­turgo, guio­nista de cine, encon­tró en el humor el medio ideal para darse el gusto de jugar con el len­guaje. Ese juego es lo que fas­cina de sus escri­tos: el lec­tor adi­vina ense­guida que el pri­mero en diver­tirse con ese juego, el pri­mero en dis­fru­tar del pla­cer del texto, es el autor. Naturalmente, el efecto es con­ta­gioso. Durante más de dos déca­das, con los pseu­dó­ni­mos de Chamico y Alguien, Nalé publicó en dia­rios y revis­tas los tex­tos de humor que luego reco­gió en varios libros. Dirigió ade­más las revis­tas humo­rís­ti­cas Don Goyo y Esculapión, ésta dedi­cada a los médi­cos. En su famosa Antología apó­crifa (1943) hizo gala de su vir­tuo­sismo lite­ra­rio paro­diando los esti­los de poe­tas y narra­do­res famo­sos. Pero Nalé Roxlo alcanzó sus logros más altos como escri­tor con la gra­cia de sus obras tea­tra­les, como La cola de la sirena (1941), Una viuda difí­cil (1944), El pacto de Cristina (1945), y sobre todo con sus tres libros de poe­sía: El gri­llo (1923), Claro des­velo (1937), De otro cielo (1952).

Libro de que­jas fue publi­cado bajo la firma de Chamico por la edi­to­rial OCESA en 1953, y nunca reeditado.

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