Tierra de nadie, por Juana Bignozzi

bignozzi1982La tie­rra de nadie a la que alude el título ocupa el lugar cen­tral entre las imá­ge­nes que pre­va­le­cen en este libro de poe­sía; el poema que la incluye ocupa nada casual­mente el lugar cen­tral en la colec­ción. Esa tie­rra de nadie donde no hay cami­nos ni brú­ju­las, ni memo­ria ni futuro, ape­nas un hueco en el que sólo se puede girar en vano, se con­vierte así, por su misma cen­tra­li­dad, en el eje orde­na­dor de su uni­verso expre­sivo: tiempo y espa­cio se con­ju­gan en un con­ti­nuo donde la volun­tad de ser tro­pieza con­ti­nua­mente con un nihi­lismo corro­sivo, y no se arre­dra. La impulsa la vis­lum­bre de la luz, del azul (¿ruben­da­riano?), la cer­teza de que “las cosas exis­ten aun­que a veces no se encuen­tren”, la con­vic­ción de que “vivir es todo / menos acep­tar el cansancio”.

Tierra de nadie (1962) es el segundo libro de la autora, y mues­tra toda­vía un poeta en cons­truc­ción, con un len­guaje en cons­truc­ción. Ambos lle­ga­rían a la madu­rez a par­tir de Mujer de cierto orden (1968), pero aquí ya se adi­vina su per­fil, esa com­bi­na­ción de den­si­dad expre­siva (“Lo único impor­tante: / este equi­li­brio en el vacío a plena luz”), iro­nía (“Un día se va a encon­trar / la mirada blanda, un poco doblada”), fra­ses coti­dia­nas, casi inso­len­tes (“…un día se los lleva por delante”), y sobre todo, siem­pre, musi­ca­li­dad y belleza, como al decir acerca del olvido: “Cuando llega / dul­ce­mente desde las manos / empieza a subir la muerte”.

Juana Bignozzi (1937–2015), ade­más edi­tora y tra­duc­tora, fue una voz sin­gu­lar en la poe­sía argen­tina del siglo XX. Se inició en el género con Los lími­tes (1960) y, apar­tada de las corrien­tes en auge, aso­ció sus preo­cu­pa­cio­nes exis­ten­cia­les con un cui­dado for­mal cada vez más depu­rado. Su obra se com­pleta con Regreso a la patria (1989), Interior con poeta (1994), Partida de las gran­des líneas (1996), La ley tu ley (reco­pi­la­ción, 2000), Quién hubiera sido pin­tada (2001), Antología per­so­nal (2009) y Las poe­tas visi­tan a Andrea del Sarto (2014). “Se es poeta para tra­ba­jar con la len­gua de otra manera —dijo en un repor­taje—. En la poe­sía tiene que haber algún mis­te­rio, algo que el poeta ve y que el público no. Tenemos la obli­ga­ción de reve­lar los mis­te­rios, pero de una manera dis­tinta de la que, por ejem­plo, tiene el periodismo.”

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